martes, 2 de septiembre de 2008

Recife

Dos ríos atraviesan la ciudad. Síntesis de la colonización portuguesa (iglesias), de la invasión holandesa (puentes) y de la presencia de esclavos e indios, fue fundada en 1548 sobre una barrera natural de arrecifes. En la Plaza de la República está el bello Teatro Santa Isabel, neoclásico y, cerca, la Capella Dourada, en San Francisco. La Casa da Cultura fue antes una gran prisión colonial y se restauró como centro de artesanía en 1975 (cada celda es una tienda). Allí conocimos a la dueña de Fátima Rendas (encajes) que se quiso hacer una foto con nosotros y luego nos la encontramos en el Restaurante Leite -donde va la crème de la crème local-, nos saludó delante de todos y así pudimos presumir de integrarnos pronto en la vida social. Visitamos Olinda, ciudad colonial de aires portugueses, con su iglesia de San Benito y su catedral de El Salvador. En Recife hubo judíos en la calle Bom Jesus entre 1636 y 1654 y entramos a la sinagoga (lo que queda). El Paço Alfándega es un moderno shopping; la Oficina Brennand, un taller de cerámicas del escultor Francisco Brennand y la Fundación Brennand, un castillo con la colección de arte de Ricardo Brennand, que resulta ser primo del anterior. Hicimos una excursión a Igarassu, donde visitamos el convento de San Antonio de 1588 y en Itamaracá, el Fuerte Orange, que los holandeses construyeron en 1631 (prisión de frailes portugueses). En la playa tomamos unas agulinhas brancas, pescadito frito riquísimo. El Mercado de San José tiene una estructura de hierro francesa y allí hay de todo: hamacas, bebidas milagrosas, cestos y gambas.

4 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Documentada y personal tu entrada.
Y yo, aquí, muerto de envidia.

pe-jota dijo...

No se si guardarme tus entradas como posible guía en un posible viaje !!!!

@ELBLOGDERIPLEY dijo...

Digo lo mismo que Pe-Jota: esto ya es una guía documentada, me gusta mucho Olinda, con su océano al fondo, la foto de las esculturas de Brennand, y en fín, todo. Se nota que es invierno, o que hace un tiempo fresquito, igual no es así, pero igual la idea de vérlo todo apaciblemente, mientras moríamos aqui de calor, era la mejor, no sé.
Un besote. Me siguen encantando las fotos.

Justo dijo...

¡Yo quiero ver la foto con la dueña de los encajes!